Más sabe el diablo…


Su amplia frente a raíz del paso de los años se humedecía lentamente delatándole, como siempre sucedía en casos similares, de su nerviosismo. Cuando lograba darse cuenta de esta situación, intentaba no continuar con el segundo paso que sabia le conducía a una tortura que el consideraba lenta y angustiosa; primero lenta puesto que entendía que se desarrollaba en 3 actos y angustiosa ya que, materializándose este paso número dos, solo bastaba concretar la extraña y desesperante trilogía que lo fastidiaba en situaciones como la que estaba seguro que vendría. Podríamos decir que este segundo paso le quitaba la tranquilidad de siempre, situación que podía ser evitada, pero que resultaba inexpugnable, y no tenia vuelta atrás; este consistía básicamente en encender el segundo cigarrillo sin apagar el anterior, colocarlo en su mano izquierda y frotar el filtro en su anillo de matrimonio. Esto le daba un gusto que detestaba de gran manera cada vez que pitaba, pero que le era casi imposible sortear. Acto seguido a su desesperada forma de fumar venia la tercera reacción en su cuerpo de manera involuntaria y casi paranoica, la picazón y enrojecimiento de la mejilla derecha. Incluso llegó a pensar que los problemas con su mejilla no eran la etapa tercera de los actos que marcaban su maniático nerviosismo, más bien lo atribuyó como consecuencia de lo que le ocurría y no como parte de estos en si.

Pero eso ya no importaba, había comenzado dando el primer paso para lo que el creía sería la manera de alimentar su familia por 5 días seguidos, procurándole la oportunidad incluso de poder fumar más de los 7 cigarrillos diarios a los que se había tenido que acostumbrar luego de llegar a la situación económica en la que estaba, en banca rota, pobre y mísero como decía siempre para si mismo, sin su pequeño almacén y su trabajo que perdió luego de la quiebra de la empresa que trabajaba, a lo cual se agregó la enfermedad de su esposa.
Ahora solo bastaba mirar, tomarse el tiempo necesario, observar cada detalle, situación y movimiento que se realizaba en el mercado elegido para esa transacción, el cambio de ese billete falso de $20.000 comprado a solo $2.000, cantidad con la cual podría alimentar diariamente su hogar, a los cuales se sumaba uno que otro peso que ganaba su mujer y dos hijos. Con la suma total que siempre reunían podían comer medianamente bien, aun así no podía sacar de su cabeza la idea que era paupérrima la vida que llevaban por circunstancias inesperadas.
Luego de 2 horas y después de recorrer 5 veces el mercado con la conciencia inerte, solamente puesta en su negocio, decidió avanzar en su asunto y así tomarse el tiempo para pensar en que, dada la situación que había gestado, no trabajaría ese día, sino por el contrario, podría al fin descansar, reposar su cuerpo que al parecer decaía con cada carga que este realizaba en los camiones de la ferretería, pues hacia ya tres años seguidos que no se tomaba un día de descanso, ni siquiera para su antigua afición, leer bebiéndose un café bien cargado. “Lo tengo…” resonó en tono de acierto su voz casi imperceptible entre el bullicio de bocinas y algarabías de compradores y vendedores del lugar, como no haberlo notado antes, aunque le doliera el alma por el gran parecido que tenia con su padre, el anciano del puesto número 58 debía ser el elegido. Pero como no, fácilmente se podía deducir que este no lograría correr si se daba cuenta del engaño en el cual había caído, además intuyó por los anteojos que utilizaba que la vista del anciano tampoco jugaba mucho a su favor, sino mas bien le anotaba otro punto positivo para la artimaña preconcebida. Pero lo más importante de todo era que este descuidadamente recibía los billetes que le entregaban para luego guardarlos en un bolsillo del roído pantalón, que al parecer había sido azul algún día, junto a un gran fajo donde cada uno estaba separado según su valor.
Luego del 6° cigarrillo, y tras rascar copiosamente su mejilla con la mano izquierda apoyando en esta el anillo, caminó hacia el lugar escogido. No tenia nada que perder, por último podía correr rápidamente, pues la ubicación del puesto del abuelo estaba en una esquina donde el transito de personas permitía escurrirse raudamente a la vereda del frente e introducirse a una galería que poseía cientos de pequeños pero laberínticos pasajes de piedra.

- Necesito llevar algunos kilos de papas, tomates…además frutas y unas verduras…ah…pero ¿tiene cambio de $20.000…?
- No se preocupe casero, tome lo que necesite y no piense en cambio que de eso me encargo yo…

Tras pasar unos minutos, rascar nuevamente su cara con el anillo, prender su ultimo cigarrillo pensando en el tiempo y dinero que prácticamente y de manera intangible ya tenia en su poder, canceló la cuenta, $2.000, exactos, ni mas ni menos, la cantidad precisa para que lo hecho fuera un buen negocio. A pesar de lo improvisado y rápido de la transacción, para él resultaba ser perfecta, como si la suerte le esbozara una mueca con tintes de sonrisa de manera lenta pero interesante. Introdujo su mano en el bolsillo y saco de entre unas boletas arrugadas el billete que se confundía entre la cantidad numerosa de estas que abultaban innecesariamente su pantalón.
Todo se desarrolló como esperaba, pues el anciano no se dio el tiempo de observar si lo que se le había entregado era verdadero o falso, sino muy por el contrario, se movió en su espacio matizado de frutas y verduras como estaba acostumbrado, rápidamente, atendiendo a más de 2 personas a la vez, lo que hacia casi impensado que titubeara aunque fuera un segundo para discernir la fiabilidad de lo que le entregaban.
Tras revisar si el vuelto correspondía a la cantidad correcta, se marchó entre la gente con dirección desconocida para el estafado anciano, quien siguió con su labor cotidiana, entregando a su clientela las mercancías frescas y baratas como de costumbre.
Cuando dejó atrás el lugar en donde había realizado su deseada empresa y esfumarse desde lo más interior de su pecho un respiro de alivio, repasó nuevamente en su cabeza el itinerario del día, por fin, y tras todas las molestias físicas experimentadas por su nerviosismo exacerbado, el tiempo y el dinero contaban a su favor, incluso la picazón ya había mermado, pero aun así necesitaba de un ultimo cigarrillo para menguar las ansias que ya decaían y que eran tan normales en él cuando algo le parecía fuera de lugar o moralmente incorrecto. Presurosamente, casi corriendo, buscó el sitio más cercano donde comprarlos, pidiendo aquellos que fumaba cuando su situación económica era mejor.
Grande fue su sorpresa al cancelar, no pasó jamás por su cabeza que el dicho popular de “más sabe el diablo por viejo que por diablo” seria tangible en ese momento, tan real que incluso podía anestesiarle las piernas y las manos por la desazón de lo ocurrido, llegando incluso a sentir alivio que le devolvieran su billete, que tras revisarlo junto con los otros del vuelto que guardaba como preciado tesoro, descubrió que eran falsos.
Luego de encender un cigarrillo que le regaló el mismo señor a quien deseaba comprarle la cajetilla que tanto ansiaba, y pensando que no deseaba volver a experimentar una situación parecida por lo menos en muchos meses más, limpió su mejilla que ya sangraba tanto frotarla con el anillo y emprendió su marcha hacia el lugar donde trabajaba. Ya era tarde para aquello, pero por lo menos le quedaba la conformidad que las compras para ese día, los $2.000 en comida, ya estaban asegurados Solo restaba juntar el dinero para devolverlo a quien lo había prestado, y que como sabia de antemano, no tendría problemas en devolverlo dentro de 3 días más, sin dejar, por cierto, de darle vuelta en su cabeza que había entendido al fin, de manera clara y concreta, que el enrojecimiento de su mejilla no era un acto tercero de sus nerviosismo, si no más bien el resultado de este.

Comentarios

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